• Berta

Podría haber sido Moby

Actualizado: 28 de feb de 2018

EJERCICIOS DE ESTILO ¿Estás preparado leer esta emocionante aventura? Empecemos. Hace ya un año, viajé a Sydney, Australia, uno de los lugares más salvajes y peligrosos del mundo. Un día, decidí salir en búsqueda del animal más grande del planeta: la ballena. Compré un billete en el muelle para una de las expediciones y me embarqué en el primer bote. Cuando dejamos el puerto de Sydney atrás nos acechaba una tormenta, las olas medían casi 8 metros, y el capitán nos confesó nunca había un mar tan agresivo. El viento rajante me cortaba la cara y se me encogía el estómago cada vez que descendíamos por la cresta de esas montañas saladas. Pero no nos rendíamos. El capitán parecía salido de Moby Dick, su piel era oscura y sus manos rugosas como el más viejo lobo de mar. Después de cinco horas en el océano rabioso, se nos acabaron las provisiones, el barco empezaba a inundarse, algunos de mis compañeros estaban rozando la hipotermia, el vacilaba con marcharse… Estábamos a punto de tirar la toalla, dar media vuelta. Pero justo: “¡Ballena a la vista!”, exclamó el capitán con un grito desgarrado. Y ahí estaba, a cinco metros, esa bestia brutal. La criatura más inmensa e imponente que te puedas imaginar. Abrió la boca ante nosotros, tan cerca que le vi las entrañas. Y entre nuestros gritos de pánico, se hundió para volver a deleitarnos con un salto que hizo temblar el bote entero. Antes de desaparecer, nos despidió con su enorme cola. Absortos por el espectáculo, empezamos a notar como menguaba el oleaje, se abrían las nubes, y la naturaleza nos dejaba probablemente la puesta de sol más bonita que he visto en mi vida.